anoche soñé contigo

sábado, 25 de abril de 2009

CUANDO SE VA OFICIALMENTE "EL MATADOR"....




El dos de junio, se va definitivamente o en forma oficial del fútbol "El Matador"..Este artículo lo escribí a propósito, cuando ya se adivinaba su adiós, y se los transcribo....http://www.elmorrocotudo.cl/admin/render/noticia/18455#comment-145452 más sus mejores goles, que verán en la barra de video en la parte superior..


Marcelo Salas: A la Hora de la Despedida
categorias: Nacional - Deporte - Columna

Mi relación periodística con Marcelo, en una nota que es como una "brizna", tal como su contacto con los micrófonos. No está ausente Iván Zamorano. (VIDEO) Por Eduardo Osorio

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Escrito por Eduardo Osorio

A comienzos de los 80, época que me es un pláceme recordar, por diferentes motivos, los sábados en la mañana, concurría a unas canchas en Quilín, a practicar fútbol amateur de “alcurnia”.

Integraba el equipo “Los Dragones” (lindo nombrecito), que formaban ente otros Manuel “Loco” Araya, Orlando “Chocolito” Ramírez, Fernando "Pernil" (ojo, hay otro pernil) Torres, todos ex - jugadores profesionales. Imagínense que nuestro “aguatero” era Nelson Maldonado, en ese tiempo utilero de la Selección.

¿A qué el recuerdo?

A que una vez terminados los partidos, nos quedábamos a ver el fútbol “joven”, en las canchas de lo que hoy es la ANFP.

Entonces llamaba la atención un taxi, que siempre llegaba atrasado a la cita.

Claro, en él viajaba un niño de mechas tiesas, sentadito adelante, que se bajaba corriendo con un bolso inmenso, (se notaba había servido para otros menesteres), mientras el chofer, que más tarde yo reconocería como su padre, hacía los gesto típicos de agradecimiento a un pasajero que iba por su parte, muy sentado atrás, y se volvía a continuar su “carrera”.

O sea, Marcelito Salas, que era apenas un niño, llegaba a jugar por la “U”, cambiaba la historia de los partidos en dos segundos, “Pepe” Ruíz su entrenador le felicitaba, el camarín se llenaba de elogios, recordando las “jugadazas”, y que nosotros le aplaudíamos, mientras, ¡miren lo que son las cosas!, su padre debía trabajar, y perderse el espectáculo.

Esa es mi primera “relación” con Marcelo.

Luego ésta se tornaría periodística ciento por ciento.

Claro, pasaron los años y los Campeonatos luego, y mi olfato reporteril, como el de muchos, no se había equivocado.

Vino luego el apódo de “El Matador”, las portadas, y algunas entrevistas en recónditos Estadios de Chile, que guardo por ahí, y con el ocre olor del linimento de fondo.

También me ocurrió con Iván, aunque más profesional, y no tan humana la evocación, por el origen ya mencionado.

A los dos los traté con micrófono de por medio, con “el aire” de la radio, y la adrenalina de una entrevista al paso, y creánmelo, nunca me sentí defraudado, aunque hay matices que comprender.

Marcelo a medida que crecía en popularidad, domaba su pelo, y exhalaba perfumes caros, se alejaba más, queriéndolo o no, de ese empático trato con un reportero, haciendo de su espacio un líquido amniótico, que era difícil cortar o cruzar.

En cambio Iván, tan o más humilde que “El Matador” en sus orígenes, jamás me negó una entrevista , tuvo un gesto de “ensimismamiento” o de divo, y al contrario, inalcanzable a veces para mi micrófono, desde allá, del fondo de la Conferencia, tuvo una levantada de ceja, un gesto amable o una risita, con la cual se excusaba de no poder contestarme, y que refrendaba luego al pasar a mi lado y tocarme la cabeza paternalmente.

Eso mismo debo reconocer, se lo critiqué, cuando lo hizo con Acosta en Pinto Durán, su Jefe.

Pero honradamente para mí, fue un incentivo, y produjo un cariño que le guardo hasta ahora, pues no debe olvidarse, que por nuestras venas circula sangre, y el afecto es un claro atributo de la especie humana.
Vino luego todo a amalgamarse en una mescolanza de carácter, fútbol, nacionalidad, pasaportes y éxito en Francia “98.

Mientras yo corría tras la Selección, con una credencial, una grabadora, y un sándwich al paso, y con una mostaza de sabor horrible untando un baguette, ellos muy sentados en un cómodo bus, vivían cada cual su mundo, y no estaban ni ahí con tratarse, lo que es vox-populi, y de lo que doy fe.

Sin embargo en la cancha la dualidad, y antes el “conche…” de Zamorano cantando el himno nacional, y la forma de asentir de Marcelo, y su “tirando todos juntos para el mismo lado en la cancha”, me dieron pie para concebir, que nuestra libertad termina donde comienza la de los demás, que todos somos seres universales y con un propio universo también, y a la hora de la suma, no somos nadie para condenar…

Al final es un precio que hay que pagar.

Marcelito, (nunca olvido tu imagen de niño, y te lo dije un día), ¡QUE TE VAYA MUY BIEN, EN EL RESTO DE TU VIDA!

1 comentario:

Ramiro dijo...

Muy humana las referencias que haces sobre esos dos
"grandes" del fútbol nacional: MARCELO SALAS e IVÁN ZAMORANO. Los dos
con características técnicas y estratégicas muy similares; además,
valientes, corajudos en el área chica, "donde las papas queman" y
ellos, sin temor, metiendo la cabeza, cuántas veces a la altura de los
botines de los defensas... El caso de IVÁN, su técnica de elevarse
para cabecear es casi única dentro del ambiente nacional; pero, hay
que hacer un reconocimiento, tardío pero hay que hacerlo alguna vez:
Siempre fueron "abastecidos" desde la izquierda, por ese excelente
mediocampista de la "U", VICTOR CASTAÑEDA, hoy entrenador de La
Serena. Generalmente, les entregaba la pelota en el punto justo para
el empalme de estos míticos jugadores... Como se trata de MARCELO la
despedida, me sumo al controvertido jolgorio para mí: Triste porque se
retira de esta difícil disciplina y no lo volveremos a ver de "corto"
y, felíz porque los dos han dado el mejor de los ejemplos, al
demostrarnos que han sabido administrar sus ingresos. Estoy seguro que
tendremos a estas estrellas del fútbol, por mucho tiempo, en sitial de
privilegio dentro de nuestras esferas deportivas.¡Felicitaciones a
MARCELO! quien ya ha empezado la siembra en abonadas tierras sureñas.
Estaremos atentos a esos frutos. Cordialmente te saluda, tu amigo
Hernán, a través de Ramiro.