anoche soñé contigo

martes, 7 de abril de 2009

AUNQUE LAS ANIMITAS ESTAN EN EXTINCION.....






Les juro, por mi nombre Eduardo Osorio, que lo que les contaré es cierto, fuera de la previa….…

Quien la haya hecho de ida o de vuelta, la ruta Santiago - Viña, no se encontrará en el camino de seguro con una animita.
Han desaparecido, y aunque trataron de sobrevivir, como en el cuento de la rana “vino una máquina y las hizo callar”.
Grandes y chicas, la Empresa concesionaria de la ruta, no creyó en supersticiones, ni miró por el espejo retrovisor.
Al respecto, y si de animitas se trata, esta historia del norte chico es espeluznante.
Una amiga, de edad avanzada ya, y muy comerciante ella, cerraba su negocio en La Serena tarde, y viajaba a su casa de Ovalle a dormir, no precisamente con las gallinas, por lo que su auto “agarraba alas” de vuelta.
Una de esas noches, de cuando en vez, y "volando" por la Cuesta Las Cardas, la vio aproximarse, a la animita del km. 30 digo.
Aunque pasaba frente a ella todos los días y rezaba un ave maría, para cumplir con el rito, esta vez acicateada por la noche que venía, olvidó el ritual, y no se dio ni cuenta cuando pasó galopando frente a ella.
Maldita la hora.
Cuando se acordó ya era tarde y la animita tomaba el desquite, pues un perro inmenso, con llamaradas rojas saliendo de sus ojos, yacía sentado en asiento trasero del auto, y le echaba en la nuca su hálito pestilente.
“LA CURVA LA VIO VENIRSE CON TODO, Y EL DESBARRANCARSE A GRAN VELOCIDAD, FUE UNA IMPRUDENCIA DE MARCA MAYOR”, titularon los diarios al otro día….
No era para menos en todo caso.
La Siat agotó la investigación luego, y el accidente se le achacó a algún bus o camión, que cambió de pista.
Por mi parte, la vez que sueño con mi amiga, me recuerda el caso desde el purgatorio, y le mando a hacer una misa.
Por si acaso, desde que asimilé la historia, y sobretodo de noche, viajo acompañado por un cachorro de león, que compré en una millonada al dueño de un circo vagabundo, urgido por las deudas, cerca de Illapel, en el norte chico también.
Nosferatus se llama.

1 comentario:

Esteban dijo...

Eduardo:

Gracias por invitarme a tu portal, aunque quizás lo lamentes, pues no me caracterizo por mis comentarios dulzones precisamente. Bueno, vamos a la cancha como diría un comentarista deportivo.
El cuento parte, con una carga de misterio que te invita a continuar la lectura "Les juro, por mi nombre Eduardo Osorio, que lo que les contaré es cierto", luego viene un desenlace abrupto, sin más la protagonista se desbarranca, si se murió ¿a quién le consta lo del perro?, y al final, la historia se nos diluye, y nos deja un sabor como "que le faltó algo", no puedo decirte que, sólo opino desde la vitrina del lector.

Bueno amigo Periodista, siga luchando por sacarse el micrófono y la tifa de prensa, cuando escribe, ya va salir el escritor que tienes dentro, cuando menos lo pienses, déjalo fluir.

Un abrazo literario

Esteban